Existen libros que hacen por si mismos una biblioteca. De cada cuatro cayeron tres, de Cristóbal Córdoba, en la felizmente recuperada Ediciones Barbarroja, es uno de esos libros. En primer lugar, es un libro rigurosamente académico. La profundidad, variedad y contraste de fuentes confieren a la obra un carácter científico, no exento de carácter militante, disculpable en estos tiempos de memoria histórica.
Pero el valor intrínseco del libro reside en acercarnos a esa Falange fundacional y mártir. A lo largo de un rosario de caídos, vemos como esa Falange primitiva estaba lejos de la falacia izquierdista que presenta a la primeros “nacionalsindicalistas” como agrupación facciosa de “señoritos” y pistoleros profesionales. Bajo los nombres de los asesinados por el terror marxista, especialmente virulento desde febrero 1936, nos encontramos a jornaleros, estudiantes, electricistas, albañiles, oficinistas…que en su mayoría no alcanzan los 30 años. Todos ellos asesinados cobardemente por el hecho de su militancia política y ante la total pasividad de la fuerza pública. Cada crimen deja ver el clima de indefensión total en la que vivía media España y que sin duda tanto contribuyó a la guerra civil.
Por todo ello, es una obra imprescindible para comprender a esa Falange que un 18 de julio se tiró a la trinchera y que tres después estaba prácticamente aniquilada y sin jefes. La Falange y el Requeté fueron sin duda la aportación revolucionaria y popular a un bando nacional donde medraron quienes tuvieron la habilidad de ser imprescindibles en la retaguardia.
A la Falange aún le quedaba un episodio más, la División Azúl, (cuyo 70 aniversario celebramos en 2011) donde se terminaron de inmolar aquellos que por edad o por suerte no habían caído en la confrontación civil o en la represión franquista del falangismo disidente.
Finalmente, mencionar que, en pequeña nota al pie, se recoge a los caídos falangistas durante la transición a los que no se ha hecho, ni siquiera desde las miles de falanges existentes, el más mínimo reconocimiento y cuyas biografías personales, nos consta en muchos casos, son tan ejemplares como los de la primera Falange. Estos caídos, al igual que los mártires tradicionalistas o militantes de Fuerza Nueva y organizaciones nacionalistas, jamás han tenido un tributo serio y digno, ni siquiera de las organizaciones en las que militaron y que al igual que la sociedad les han condenado al más injusto de los olvidos. Sirvan estas líneas de póstumo homenaje. A todos ellos:
¡Presentes!
“Víctimas del odio, los nuestros no cayeron por odio, sino por amor, y el último secreto de sus corazones era la alegría con que fueron a dar sus vidas por la Patria. Ni ellos ni nosotros hemos conseguido jamás entristecernos de rencor ni odiar al enemigo y tú sabes, Señor, que todos estos caídos mueren por libertar con su sacrificio generoso a los mismos que les asesinaron, para cimentar con su sangre joven las primeras piedras en la reedificación de una Patria libre, fuerte y entera.”
Dragases
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Biblioteca BITIBAjK
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Otro más a la saca para este otoño. No hay horas en el día, ni días en la semana para leer tanta cosa interesante.
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